Obra

Tras apearse en 1998 del sexteto de su hermano Pepe de Lucía –José Sánchez Gómez—retomó su carrera en solitario y cinco años después se hacía con el Grammy Latino por el disco “El corazón de mi gente”, en una gala que tuvo lugar en Miami: “Siento una satisfacción enorme por este reconocimiento, después de tantos años de carrera musical. Tengo que decir también que estoy super orgulloso de la aportación de todos mis amigos y compañeros que han intervenido en aportar su grano de arena para la calidad de este disco –declaró entonces--. Les mando mi agradecimiento porque por ellos ha sido posible esta nominación y este Grammy. Yo soy una persona poco notoria y poco dado al protagonismo, pero no acepto que se discrimine en algunos sectores el flamenco, o no se le considere como se merece. No por mí como artista y como persona, sino porque es la cultura que nos representa en España y en el mundo. Yo estoy de acuerdo en que, por ejemplo, el pop tenga el sitio que se merece, con todos mis respetos, pero no olvidemos que el flamenco en sí, y no yo como persona, ha ganado un Grammy”.

“Seguimos pensando que el flamenco es de minorías cuando ya vende 250.000 copias o 500.000 como vende Camarón y es de los géneros que más genera en la SGAE en todo el mundo. Y cuando el flamenco es un arte de catálogo. Todavía estamos escuchando discos de hace más de ochenta años. Y sigue pasando esto cuando todavía se sacan a la venta discos de personas que desgraciadamente ya no están con nosotros y se siguen vendiendo. ¿Qué hay que hacer para que no le pase lo que a mi hermano Paco en Sevilla, que lo anunciaron en letras más chicas que Julio Iglesias y Plácido Domingo? El se fue indignado porque el flamenco no tuviera el sitio que le corresponde y en su propia tierra. Yo estoy muy contento con mi Grammy, pero el hecho sólo de estar muy contento con mi Grammy no significa nada. Hay más gente que tiene que estar satisfecha de que España tenga un grammy del flamenco, que es como un oscar del flamenco, aunque yo no sea glamouroso ni fashion”.

En aquel disco, figuraban temas propios y de su hijo, José de Lucía, mientras su hermano le llamaba desde Palma para felicitarle. En cierta medida, volvía a demostrar que podía sobrevivir artísticamente sin la sombra poderosa de aquel hermano menor que había nacido al arte como acompañante suyo, como escudero del que cantaba.

Las tornas se volvieron una y mil veces. La llegada de Camarón a casa de los Sánchez, en buena medida, destronó a Pepe, al que la naturaleza también le jugaría una mala pasada por sus cuerdas vocales. Sin embargo, de tarde en tarde, volvía a echarse hacia delante para dejar de ser un cantaor de atrás, junto a la guitarra de Paco, auténtica protagonista no sólo de un escenario sino de los últimos cuarenta años de historia flamenca. Pepe cantaba, Pepe componía, Pepe tenía suficiente personalidad y talento como para cultivarlos. Y, a veces, lo hizo.

Por la carpeta de “El corazón de mi gente” desfila una ristra de fotografías pertenecientes a distintas etapas de su vida. Como las canciones que interpreta en ese mismo disco, traídas del cesto de la memoria, composiciones suyas cantadas en su día por otros intérpretes y que llevan la firma de José Sánchez Gomes, "Pepe de Lucía".

"He sentido la alegría de poder hacerlas yo –me decía--. Esos temas que fueron grandísimos éxitos por gente muy buena. Ha sido interesantísimo el trabajo, muy bonito".

En los créditos, afloraba un equipo músico habitual con nombres como los de Carles Benavent, Tino de Geraldo, José Mas "Kitflus", José y Justo Heredia, Antonio "El Negro", Ángela Bautista, Jesús Bola, Doctor Kely, Javier Limón, o el cajón de Piraña y unas alegrías compuestas por su propio hijo, José Manuel, que ya le había acompañado en una anterior aventura discográfica. Pero es un disco de dúos con voces y guitarras. Entre las primeras, su hija, Malú, pero también Manzanita, Parrita, Remedios Amaya o Camela. Entre las segundas, la de Vicente Amigo, Chicuelo, Niño Josele, Juan Diego, José Manuel Cañizares y Tomatito.

Hay títulos clásicos de su repertorio a los que de repente amplía la letra, como ocurre con la rumba Buana buana kin kon, que fue el bis que incluyó su hermano Paco en su disco en directo Live in América. O Como el agua, que popularizó Camarón de la Isla, en el disco del mismo nombre, y que Pepe asegura que esos tangos los ha cantado hasta Pink Floyd: “También quería cantarlos yo”, afirma.

Cuando la compuso, Pepe de Lucía se la ofreció primeramente a La Susi, pero ella la rechazó: "Exactamente. Ese tema se lo di a la Susi y me dijo que no le gustaba. No sé si sería ella o el productor o la gente que tenía alrededor. Nunca estamos solos, estamos rodeados".

"Claro que lo comenta La Susi. Lo dice cada vez que tiene una oportunidad", confirma Pepe, que la interpretó en dicha grabación junto a Remedios Amaya, según confesó públicamente, por un guiño al pueblo gitano, con el que siempre estuvo relacionada la biografía paya de su familia: "Nosotros hemos hecho siempre una vida y una comunicación con ellos absolutamente directa.

Con "Tomatito" vuelve a coincidir a la grupa de “Luz de carbón”, el título que cierra el disco. Las relaciones de Pepe de Lucía nunca fueron fáciles respecto a Camarón y a su escudero guitarrista, pero él sostiene que, en todo momento, existió al mismo tiempo una cierta simpatía entre ellos: "Siempre he sido una persona muy ingenua, nunca he mirado esos detalles. A Camarón, siempre lo he visto como algo mío, como algo que ha pertenecido a mis raíces, a mi vida, a mi mundo y a mi casa. A Tomate, al estar incluido ahí con él, lo he visto como muy juntos. Yo creo que me voy a morir siendo ingenuo, al margen de lo que pueda ocurrir en la vida. Yo, a Camarón, lo he sentido muy dentro de mí y lo sigo sintiendo así".

La selección de guitarristas que incorporó a “El corazón de mi gente” tampoco es casual: "No puede ser casual porque yo la guitarra la he mamado y la he sentido desde que era prácticamente nada. Como tampoco me gusta molestar tanto a mi hermano, porque mi hermano tiene ya su vida y tampoco quiero, ya de una vez, que se utilice el nombre de Paco en ningún concepto, en el buen sentido, he utilizado a mis compañeros de siempre y he buscado a gente a la que admiro y a la que quiero. No están todos, porque en un disco no caben tantos temas ni tampoco uno puede grabar tanto, pero sí están los que de verdad tocan muy bien. Hay una alegría muy bonita con Vicente afirma respecto al estupendo corte que da nombre y que abre el disco . Chicuelo es un guitarrista muy seguro y que toca muy bien. Cañizares no te puedo decir nada porque ya sabemos todo lo grande que es y Tomate tiene un ritmazo como la copa de un pino".

El disco chirriaba en otra de sus composiciones añejas, “Del sur a Cataluña”, al que sumaba las voces del dúo Camela junto a la guitarra de Chicuelo: "Camela es un grupo que vende millones de discos, aunque parezca mentira. Y esos millones de discos los compra el pueblo, que es el que vota también y pone a los políticos en el poder. Eso significa que si un grupo vende casi dos millones de copias, como hace Camela, es porque puede cantar un tema como ‘Del Sur a Cataluña’, ‘Garabí’, que lo cantó en su día Tijeritas y que asemeja muy bien el tono de voz, la forma de cantar y el tecno que él hacía en su época. Es un piropo a Cataluña que quizá pueda decir alguien que desentona un poco aquí. Hay que ser también humano y un poquito menos pasional".

“Al alba”, otra de sus creaciones, aparecía aquí bajo el título de “Sueño de Amor”, con el que fue registrado en su día y cuyo título utiliza ahora para diferenciarla de la célebre canción homónima de Luis Eduardo Aute que terminó aflamencando José Mercé. El alba de Pepe de Lucía discurre ahora con la compañía de su hija, la cantante Malú, con la que ya interpretó hace tiempo un homenaje particular a Andalucía.

"La veo como una mujer que ya es y que ya tiene su propio criterio.Además, con una personalidad muy fuerte. Ella no quiere que haya ningún tipo de conexión profesional, entre ella y yo, en el buen sentido, porque piensa y bien que nos puede perjudicar, tanto a ella como a mí. El tema de Al Alba me lo pidió ella y ella lo canta muy bonito. Yo lo canto a mi forma. Ella es mi hija y yo soy su padre".

María Lucía Sánchez, conocida artísticamente como Malú, nació en Madrid cuando apenas habían cruzado el umbral los años 80 del siglo XX. Hija de Pepe, sobrina de Paco, descubierta discográficamente por Pepe Barroso y apadrinada artísticamente por Alejandro Sanz, a sus dieciséis años y en los inicios de su carrera, declaraba: “El apellido te puede ayudar para empezar, pero luego te cierra puertas y te pesa. No quiero utilizar ni renegar del apellido De Lucía, pero eso no quiere decir que lo olvide. Yo quiero ser Malú”.

Alberto García Reyes, uno de los jóvenes eruditos que están cambiando la concepción teórica del flamenco, dibujó un perfil de Pepe, para las páginas virtuales de Flamenco-world, a partir precisamente de ese disco: “Siempre le ha gustado hablar por lo bajini porque su corazón no sabe gritar. Pepe dialoga con el pecho. Dice lo que siente antes que lo que piensa. Es honesto consigo mismo. Reconoce sus errores y pide perdón por ellos. José Sánchez Gómez, Pepe de Lucía, el Chiquito de Algeciras, vive del, por y para el flamenco. Por eso repudia a los "puristas" cercenadores que ignoran la grandeza del arte que tanto defienden. Por eso no tiene miedo de apuntarles con el dedo”.

“Yo soy más partidario de la música, la música en general –responde cuando García Reyes le inquiere por el eterno pulso entre ortodoxia y heretodoxia--. Los ortodoxos siempre hablan de la seguiriya cuando la seguiriya es marroquí, es de los árabes, de los moros. La mezcla de culturas que tenemos nosotros, de años y años atrás, es una mezcla que produce matices. Si escuchas a un pakistaní, escuchas a un cantaor. Si escuchas a los judíos sefarditas, son cantaores. Lo mismo pasa con los indios o con la música oriental, que se asemeja mucho. No hay por qué respetar el canon de los veinte o treinta cantes establecidos. Pueden ser veinte, treinta, cuarenta, cincuenta o cien”.

Fue una conversación interesante, aquella. Y, desde luego, dejaba claro el instinto tan comercial como abierto de Pepe, cuando planteaba que había gente que se encierra en que no se puede romper la magia de la tradición jonda: "Pero tienen que entender que el cerebro tiene que llegar a otro coeficiente más grande y hay que superarse para hacer las cosas más bonitas, con más armonía, con más proyección para que un músico de Estados Unidos entienda lo que haces y no hacer la clásica armonía de siempre, que el diapasón es muy grande. No nos podemos conformar diciendo que existen 81 cantes. No. Por supuesto que hay 81 cantes y hay que respetarlos, porque esos cantes pertenecen a nuestra raíz y nunca debemos olvidar esa cadencia. Pero también tenemos que improvisar, hacer algo y no quiero ofender a las personas que respeto y admiro, pero que hay que hacer cosas nuevas. Yo, desde mi opinión, siento que sí. Aunque a lo mejor estoy equivocado”.

Años atrás, cuando sacó al mercado su disco más concienzudo, “El orgullo de mi padre”, sintió especialmente el peso del silencio, puesto que apenas tuvo respuesta de crítica o de público, aunque algunas reseñas se inclinaron más a reseñar sus errores que sus aciertos: "Cuando mejor lo haces y más ilusión tienes, aparecen por detrás los que dicen lo que es bueno y lo que es malo. Y si hay una persona que tiene criterio y personalidad porque tenga poder y dominio para proyectar ese trabajo, no puede hacerlo porque se lo terminan comiendo".

«No conlleva solamente el que tú te entregues en hacer un disco a tus raíces, a tu padre, a tus vivencias o a tu pueblo, depende de la acogida de una compañía y el dinero que se quiera gastar. Alejandro Sanz quiso comprar ese disco para relanzarlo en otra compañía pero los de Nuevos Medios no quisieron soltarlo».

Fue una de sus mejores producciones, apareció bajo el sello citado y en ella venía a demostrar su largueza. Pepe Sánchez Gomes demostraba ahí que no se había limitado a ser el hermano cantaor que crecía discográficamente a la sombra de Paco de Lucía, sino que junto a sus grabaciones compartidas, mantuvo una desigual carrera en solitario que definitivamente parecía entrar en una apasionante fase de madurez: su voz templada aunque contundente no era ya la de aquel joven vehemente que se peleaba consigo mismo para alcanzar los dorados melismas de su adolescencia, cuando era jaleado como un niño prodigio del cante.

En ese título, -cuando muchos se vieron sorprendidos por su temple en la guajira y los tangos que interpretaba en Flamenco, de Carlos Saura-, Pepe de Lucía había reunido en torno a sí los mejores elementos. En los créditos de aquel soberbio disco, “El orgullo de mi padre”, figuraban, por ejemplo, los Ketama, Antonio y Josemi Carmona, Enrique Soto y José Soto «Sorderita», un insólito Alejandro Sanz, un incondicional Vicente Amigo, el jerezano Moraíto Chico, más su propio hermano, Paco de Lucía, con algunos de los componentes habituales de su grupo -Juan Manuel Cañizares, Jorge Pardo o Carles Benavent-. A ello, se le sumaba una serie de letras de raza: “Dile tú cuando la veas/ que el camino es muy largo/ y la espero en la vereda”.

Como remate, se incluía el fragmento de una grabación obtenida cuando Pepe de Lucía era un niño y su prestigio se festejaba por las reuniones flamencas de su tierra. Había luces y sombras a lo largo de aquella grabación. Pero lo que la salvaba a todas luces no eran todos esos elementos citados -que aderezaban sobradamente el conjunto-, sino la voz penetrante, hiriente de Pepe, que saltaba a compás por seguiriya y tientos, por bulerías, bulerías por soleá, tangos, alegrías, tanguillos, tarantas y una estremecedora nana para cerrar el disco.

En las sombras, en una esquina de la foto sepia de su memoria, aparece el instigador de su propia carrera flamenca, el hombre que le marcó las pautas y que selló definitivamente el rumbo de su vida. Controvertido y superviviente, se llamó Antonio Sánchez. Fue el patriarca payo de su clan y su orgullo pervive en cada acento de su estirpe: "A mi padre, le debo ser todo. De los pies a la cabeza, como le debemos toda la familia".

Su padre era autor y Pepe también decidió serlo: "A partir de un comentario de mi madre, en la época jovencilla mía en la que yo era más loco que cuerdo. Me decía hijo, tú tienes que ser también autor, métete en autores, me lo dijo tanto hasta que conseguí que me llamaran Pepe Autores una serie de artistas de Madrid".

"Yo tengo tantísimos títulos en autores. Felizmente, como me dijo Lydia, de la prensa del corazón, en el programa de Nieves Herrero, que era mucho dinero. Felizmente, le contesté, es un dinero muy repartido, porque va a las arcas públicas, a Hacienda, también a editoriales, a Autores y a mí me queda una parte que dedico para vivir".

Sin embargo, el hecho de que Pepe de Lucía haya compaginado el cante con la canción no le ha beneficiado profesionalmente, al menos desde la perspectiva de la flamencología tradicional: "La Niña de los Peines grabó chirigotas, cuplés y cosas que ahí están en la historia y mejor dichas que nunca por nadie”. Claro que, hacia el año 2003, llegó a barajar la puesta en marcha de una gira junto con Cañizares o Elliot Fisk, en un intento de congeniar el flamenco con lo que quedaba fuera de su órbita, quizás para escapar a la maldición que parecía recorrer las gargantas jondas de la época: “Se canta bonito, se canta bien, pero todos son clones, como dice Paco de Lucía. Son gente que se cuida mucho, pero el cante, aparte de tener una técnica, tiene que tener un compás y una cadencia. Además, otro problema de hoy es que se está más pendiente de la afinación que de la propia improvisación, de lo que tú sientes sobre el escenario”.

Entre un disco y otro, Pepe no paró. En el 2000, apareció “Cada día”, una grabación a la que incorporaba de nuevo las voces de Alejandro Sanz y de Malú. Claro que durante su presentación en Madrid, no tuvo abuela. La crónica de Efe, firmada por Luis A. Nemolato, no tiene desperdicio: “Fuera de modas, porque ‘el arte es cosa de dentro’, el cantaor Pepe de Lucía acaba de terminar su último disco, Cada día, un álbum de flamenco ‘limpio y luminoso’ en el que ha colaborado toda su familia para dar rienda suelta a sus sentimientos y cantar a su tierra y a un misterioso amor imposible. Dice que ‘cantar debe doler en el alma’, que en el mundo de la música ‘es muy difícil ser auténtico’ –‘el dinero es muy malo’, exclama con tono paternal- y que la calidad parece estar ‘en peligro de extinción’. Por eso, Pepe de Lucía está convencido -como de otras miles de cosas- de que su nuevo trabajo es un disco ‘de catálogo’, de ‘esos que te encuentras editados en Japón y se pagan a millón’, señala; un álbum peculiar porque ‘está hecho con el corazón’ y porque ‘pone de punta los pelos de la cara’».

En pleno proceso de grabación, en el estudio sevillano de El Bola, definía así aquella obra: «Tengo todos los temas arreglados y sólo hay que agregar la voz. El disco incluye alguna baladita, pero flamenca. Una parte un poco clásica, más cercana a la copla, con un tema que se titula "Andalucía”. Quiero que sea algo más comercial que el último. La elite a veces funciona pero a veces aprieta mucho. A veces, hacer las cosas demasiado difíciles, me complica muchos las cosas a la hora de buscarme la vida»,

Más allá de la incorporación de “Jarcha”, de Alejandro o de su hija Malú, la gran sorpresa del disco era el retorno a su escena personal de su hermano Paco, que escenificaba y sellaba su reconciliación, en el supuesto caso de que hubieran llegado a enojarse de veras. La cosa es que Pepe se encajó en Cancún con el estudio ambulante de El Bola y se pusieron a hacer lo que siempre supieron: escoltarse mutuamente por los raros vericuetos de la música: «Paco tocó con las tripas, como yo digo, con muchas ganas», reconoce Pepe.

«Con mi hermano, volveré siempre. El está en mi corazón, en mis sentimientos y en mis pensamientos. Siempre estoy con Paco, vuelva o no vuelva con él. Estoy cantando a cada momento con su guitarra. Y si él me necesita, sabe que me tiene siempre, aunque tenga que bajar de la luna».

A Paco de Lucía, le dedica además un tema titulado «Estando tú». Le aleja del precipicio, afirma en su letra. Le sumerge en un mundo de inquietud. «Yo le doy cuatro ramas de laurel y una banda», reconocía.

Resultó, sin duda, un disco atrevido para aquellos que fueran buscando la estricta jondura de José Sánchez Gómez: hay, fundamentalmente, fiesta y canciones. Con rigor y talento, como él sabe hacerlo, pero con la simple pureza de su casta, que no es poco. Era su catarsis particular de muchas pérdidas: sentimentales y definitivas. Sus padres, su hermana, su separación conyugal. Y el reencuentro artístico con sus hijos, Malú y José María, guitarrista y compositor que se estrenó discográficamente, junto a él, con unas bulerías. Un disco triste pero alegre, aseguraba Pepe. Incluyó una semiópera, como él dice, que se titula «Cantao a la luz», pero en «Playa del amor» insiste en que es mentira que el amor sea ciego. «Limonero en flor» evoca la Calle Ancha de Algeciras. Por sus créditos, desfilaban Carles Benavent, Josele, Paco Jarana, el propio Jesús Bola y Diego Carrasco. Por lo demás, el álbum incorporaba el acento orquestal de la Filarmónica de Londres, y presentaba en sociedad a un cantaor que lo mismo se dedicaba ditirambos como que, de repente, se quería humilde y alejado de la pompa vana: «No quiero popularidad, ni dinero, ni fama –argumentaba--. Nada de eso me interesa, tan sólo deseo sentirme bien y muy, muy libre».

«Cuanto más importante es uno, más gente depende de ti y más buitres son los que te rodean –añadía a renglón seguido--. Al cabo del tiempo, te das cuenta de que ya no eres ni una sombra de lo que fuiste y que, incluso, la solidaridad entre los artistas puede ser imposible».

Quizás, a sabiendas de que “es muy fácil dejarse llevar por el mercado» y «convertirse en un producto de consumo más».

José Sánchez, «Pepe de Lucía» para el mundillo artístico, sigue guardando un cierto aire infantil, el mismo que causó asombro en el concurso de Jerez de 1962, cuando se presentó en escena con sólo 14 años de edad acompañado de un micurria, un enano llamado Paco, que le tocaba la guitarra. Juntos, como queda patente en las páginas anteriores, protagonizaron algunas de las más brillantes páginas de la historia flamenca del último medio siglo. Pero Pepe sobrevivió a su distanciamiento artístico de Paco. Aunque sentimentalmente siempre intentaron ambos acortar distancias. Cuando a Pepe se le pregunta por un disco perfecto: «Almoraima», responde, en memoria del célebre título de su hermano. Pero, según sigue confesando en público, se entusiasma con otras grabaciones legendarias como «Como el agua» y «Viviré», de Camarón de la Isla, en cuya producción participó activamente.

Claro que si a Pepe de Lucía se le pregunta si se siente orgulloso de su carrera, se muerde los labios y con aparente modestia, aduce: «Yo siempre creo que debo de aprender más». «Malditos somos todos en un momento dado», exclama cuando se le pregunta por el olvido y la falta de piedad de cierta crítica. «La verdadera critica se debe dejar para la historia», agrega.

En el panorama flamenco actual, el cantaor aprecia contradicciones: «En este momento, es cuando más le gusta a la gente nuestra música y, en Andalucía, noto el ambiente muy frío, un poco distante y alejado. En Madrid, siempre suele resurgir más, hay más movida alrededor de este tipo de música, que es la nuestra».

El año 1999, en la vida de Pepe de Lucía, no fue fácil. Tropiezos, muertes, desengaños y reflexiones. Claro que, también, todo ello le sirvió para aprender: «Muchísimo, más que en toda mi vida junta». «Me siento muy bien porque me he dado cuenta que en la vida tienes que sufrir, pasar, conocer para ver quienes de verdad son y quienes no son». Si se le pregunta si hay que sufrir para cantar bien, responde de seguida: «Por supuesto».

A Pepe le atrae husmear el éxito, por mucho que sepa de sobra que nunca hubo un cante que se convirtiese en canción del verano: «Porque tampoco hay un pueblo ni una clase social que sea el motivo de un verano. La cultura no cabe en una temporada».

Siempre, le atrajo la pintura, y de hecho pasa por ser espectador y coleccionista: «Más que nunca, me interesa ahora. Y me interesa porque plasma muchos sentimientos. Hablo, de vez en cuando, con algunos cuadros que tengo y, de hecho, le cuento la historia de mi vida a "La Dama de Bolivia". Es un cuadro que no tiene firma y que me regalaron en Brasil».

Por aquellas fechas, llegó incluso a preparar un libro que le encargó la Fundación Autor pero que, hasta el momento presente, no ha visto la luz: «Es un libro sobre la guitarra, sobre la biografía, sobre las gracias, las penas, las alegrías... La vida misma».

Pepe afirmaba que su poeta de siempre era Miguel Hernández y sus recuerdos son sus desaparecidos: sus padres y su hermana, María. Un paisaje: «Lo que te encuentras después de Despeñaperros, hacia abajo, hacia el sur, claro». Una comida: «Jamón». Una canción que no sea suya: «Aquella que dice "como el viento y el mar, como el pájaro ama la libertad", de Víctor Manuel. Esa es mi canción favorita. Yo soy esa canción».

En seguida salta Pepe de Lucía cuando se le inquiere si es que se ha convertido en eso que ahora llaman «flamenquito»: «¿Tú qué crees?», espeta. Letrista y compositor, él prefiere considerarse como «un trabajador y un luchador de lo que hago». «No soy ni compositor ni letrista, soy un humilde cantaor que se esmera y busca alguna inspiración que luego llevo con el mayor de los respetos a una música. Y trato de proyectarla a la gente para que luego me den su opinión y para dar otro nuevo colorido a lo que hago. Pero pretendo agradar a los aficionados y al público».

Sus composiciones siguen paseando por una eterna cuerda floja: «Todo lo que huela un poco a flamenco o a música andaluza enriquece al flamenco y todo lo que pueda darle un aporte al flamenco para seguir por ahí, como en su día hicieron Paco y Camarón con la fusión con otros ritmos, viene bien para que el público entre por ahí. Camarón grabó “Volando Voy”, de Kiko Veneno, y “Amor de Conuco”, de Juan Luis Guerra, con Ana Belén».

Durante los últimos años, junto a una mujer que lleva el nombre de su madre, se afincó en Sevilla, «pero no he perdido la silla», avisa: «Sevilla es ni fú ni fá, pero me tratan bien y no tendrían por qué hacerlo». En cualquier caso, sigue construyéndose una casa en Algeciras: «La gente me aconseja que me la compre en otra parte, pero les digo que, aquí, he mamado la vida y recuerdo la madrugada, el amanecer, lleno de alegría, de jubileo, de pan fresco. No puedo olvidar jamás eso, ni mi padre, ni mis amigos, ni la fiesta en los patios... Eso está clavado en la amargura».

Juan José Téllez